Es estúpido que esté sufriendo por un celular, pero a todas horas miro frenética a mi alrededor buscándolo hasta que me acuerdo que algún ser humano de alma miserable, al cual lo invito a ponerse en medio de una ruta para que lo choque un camión, me lo ha robado. Supuestamente existen cuatro etapas, la de la negación, depresión, aceptación, e ira. Las mías van en ese orden pero todas acompañas de la señora ira. Va a llegar un momento, entonces, en el que únicamente me quede la ira. Ya pasé la etapa de la negación, que fue el día de ayer, pero hoy vino la etapa de la depresión. Lo recuerdo como a un viejo amigo que ya no está o algo por el estilo, es horrible, y pienso en las fotos que no bajé, la música y los fondo de pantalla que le había cargado, esta bien, soy una ridícula pero ya había formado lazos con él, tenemos historia juntos. Soy una persona a la cual le cuesta mucho despegarse de sus cosas materiales y no materiales. Cada vez que me acuerdo me dan ganas de llorar, injusticias sobran en este país, especialmente en el colectivo 152 (cruz de por vida) (mentira, porque lo tomo todas las semanas).
Mensaje para el ladrón de celulares con los que uno crea lazos: Ojala algún perro te muerda, te contagie rabia, tus hijos te escupan la cara, tu mujer te deje y se te caiga el miembro por inactividad. Lo re superé ya, chicos. Lo re superé.

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