Este es el problema de las vacaciones, uno se empieza a poner ocioso, poco productivo, más allá de que en mi vida he sido una persona productiva, puedo serlo aún menos cuando puedo. Mi mente se empieza a evaporar, los recuerdos de lo que hice en el día, son solo imágenes carentes de sonido y de sentido alguno, se empiezan a intercalar entre momentos del pasado y juntos arman un cortometraje de un minuto y cinco segundos, que claramente disfruto, le agrego la música que quiero y con el wi-fi imaginario de mi cerebro, lo subo a mi canal imaginario de youtube, que está lleno de ellos. Pensar en eso me hace sentir orgullosa de mi misma, de mantener la imaginación lo más intacta posible.
A veces siento que nunca voy a poder dejar de lado a ese mundo paralelo, o de sueños (considerados no imposibles) que creo con ayuda de mi imaginación. Y no quiero. Es lo más valioso que poseo, desde siempre. Hace poco escuché que antes de poder afrontar nuestros miedos y temores en el cotidiano del día a día, es necesario que el individuo lo supere internamente. Que probemos vencerlos en el imaginar. La concepsion originaria de esta teoría, insiste en que antes de enfrentar a nuestros fantasmas en el mundo real, es necesario que lo superemos y los entendamos en el terreno imaginario. El poder la de imaginación es real, usémoslo más seguido.

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